Los últimos datos económicos ratifican que los detalles son importantes. Una cifra general positiva no significa que todos estén bien y una situación particular negativa no implica que todos estén mal. Durante la semana pasada el Indec difundió diferentes indicadores que muestran para marzo crecimiento interanual en construcción (12,7 por ciento), industria manufacturera (cinco) y Estimador Mensual de Actividad Económica (5,5) y comercio exterior de abril (exportaciones 33,6). ¿Está todo bien? No. Las ventas en supermercados, autoservicios mayoristas y centros de compra cayeron (5,1, 7,2 y 13,3 por ciento, respectivamente), aunque aquellas vía web siguen aumentando según cámaras y consultoras.
Si los números que provee el Indec fueran analizados en detalle podrían verse diferencias dentro de cada actividad. En construcción pareciera que crece el tipo más vinculado a grandes obras. En comercio exterior las manufacturas de origen industrial subieron 43,3 por ciento interanual (24 por ciento las cantidades) pero en especial piedras, metales preciosos y sus manufacturas; material de transporte terrestre; y productos químicos y conexos. Y aunque en el Emae crecieron catorce de quince rubros productivos (sólo cayó administración pública), con industria manufacturera positiva 4,6 por ciento, dentro de ésta aumentaron tres de nueve.
Al respecto, la posición oficial es clara aunque no se siga de manera estricta: el gobierno está para brindar condiciones, nada más: estabilizar precios incluyendo el tipo de cambio, fomentar la competencia, eliminar trabas a la iniciativa privada. El resto depende de consumidores y empresarios. Ahora bien, hay sectores que sostienen que el gobierno los deja de lado o que gracias al gobierno los consumidores los abandonan. Y tienen razón. Pero ¿por qué deberían tener un trato especial?
Hay dos argumentos típicos, ambos simplistas y errados. Uno, la capacidad de tomar mano de obra. Pero si ser intensivo en trabajo fuera una razón la solución es reducir, si no eliminar, la tecnología. Volver, por ejemplo, a la zafra azucarera manual. Claramente el camino no es ese, sino como mínimo capacitar el capital humano para hacerlo más productivo según el avance tecnológico, de hecho que sea impulsor de ese avance, no desincentivar contrataciones con normas y sentencias que dicen proteger derechos pero en realidad reducen su alcance al generar desempleados o trabajadores informales, y no cargar a las empresas con impuestos ineficientes y gravosos.
El segundo argumento es el efecto multiplicador. Existen dos, pero quienes piden atención particular apuntan al sectorial. La actividad no sólo produce bienes necesarios sino que contrata mano de obra y compra insumos y bienes de capital de sectores que a su vez demandan otros insumos y factores productivos y así. Las demandas derivadas del sector propio crean actividad y mucha, multiplican movimientos; tal el argumento. Y claro que es cierto. Pero es válido para cualquier actividad. Ninguna funciona aislada, autosuficiente. Todas tienen efecto multiplicador.
De allí derivan varias dificultades. Una, que pocos insumos son exclusivos de una actividad específica sino que se usan en varias. Un sector proveedor lo es de diversas producciones. Priorizar al que hoy parece influir más dificulta las variaciones características de cualquier economía en evolución, le imprime un sesgo sectorial que, experiencia argentina, culmina en el desvío de capacidades humanas y materiales en lobby para mantener la preferencia en vez de usarse en innovaciones y en competencia entre lobbies. Otra, se encarecen los recursos para las restantes actividades que los necesiten. La mencionada prioridad aumenta la capacidad de demanda del sector en cuestión, adrede para aprovechar el multiplicador, pero reduce las posibilidades del resto para conseguir insumos y factores productivos por lo que deberán pagar más si quieren contratarlos o bien achicarse. Por último, la provisión de insumos no es infinita y en consecuencia los costos no son constantes. La actividad favorecida chocará con los límites de oferta de recursos y si quiere más deberá pagar más. Y ese límite del proveedor significa que la multiplicación se agota. Se puede apelar al comercio exterior para cubrir el faltante, pero habría que especular sobre efectos en la balanza de pagos y reservas del Banco Central y considerar que ya no habrá multiplicación doméstica.
Entonces, la idea del multiplicador sectorial lleva a vivir del favor político, al encarecimiento de la producción propia y ajena y a la pérdida de diversidad e impulso innovador.
En cuanto al multiplicador general es el típico del gasto, el keynesiano. Supone que quien recibe un ingreso ahorra una parte y gasta el resto. Eso que gasta es ingreso de otros que a su vez ahorran una porción y gastan otra, que a su vez es ingreso de otros y así. Tales erogaciones serían en actividades diferentes de las que originaron el ingreso de cada uno y entonces la economía crecería. Si eso fuera todo, la solución es sencilla: impulsar el gasto como sea. Pero no funciona. Ese multiplicador opera como si se pretendieran generalizar las preferencias mencionadas antes, por lo tanto topa con los mismos problemas pero extendidos. Cada aumento adicional de gasto impulsará cada vez menos las actividades (el multiplicador tiene efecto marginal decreciente) y habrá cada vez más dinero presionando los precios en vez de la producción. Argentina se caracterizó por el exceso del gasto, sobre todo del sector público. Por eso los gobiernos más gastadores provocaron las mayores inflaciones.
Si bien los datos agregados que se mostraron corresponden a un mes y puede haber habido situaciones excepcionales, la tendencia-ciclo, que muestra la propensión de largo plazo, da buenas señales. En construcción pasó de caídas mensuales entre mayo y octubre de 2025 a subas desde entonces. En industria manufacturera caía desde febrero de 2025 hasta noviembre y tiene alzas desde entonces. Y en el Emae tiene subas desde febrero de 2024.
Las diferencias internas en cada sector son lógicas. Existen siempre según evoluciona la economía, pero resaltan cuando se está ante cambios estructurales. A las condiciones para que ocurran con los menores costos es que debe apuntarse, no a detenerlos.